para stivy

vuelo arriba, muy arriba, viendo todo de lejos, muy chiquito. de pronto unas turbulencias, y alguien abre la puerta de la avioneta bimotor, un nuevo aire entra en la cabina, pero esto es apenas el inicio; abrieron la compuerta después del despegue, para que el calor no fuera tan intenso. ahora subimos y subimos. el viento entra por la puerta acompañado por el ronroneo de los motores. yo miro por la ventanilla, puedo reconocerlo todo: la laguna de maniantepec, bacocho, carrizalillo, puerto marinero; seguimos subiendo, a lo lejos la sierra se convierte en un terreno arrugado y seco, estamos tan alto que el vértigo se mezcla con el miedo, ¿estás listo? no, pero no importa, ya me están apretando cinturones, clic clic por todos lados, hay que tomar el orden para saltar, fila india hacia la puerta; adelante de mí va esteban, y después jawad, a quien veo caer: alcanzo a ver cómo va hacia abajo a una velocidad sorprendente. le toca a esteban, buena suerte hermano, nos vemos allá abajo, y desaparece del avión. mi turno, lo primero que sale del aparato es mi cara, el aire es fresco y húmedo, lo respiro recibiendo una caricia en mis pulmones, lo disfruto, el hombre al que estoy sujeto me indica que es el momento: tengo que colgarme de él. suelto las piernas, me tomo del arnés, ya no depende de mí estar en el avión, respiro una o dos veces, relájate, no hay vuelta atrás. una caída súbita es muy parecida a la confusión: no entiendes nada, pies cabeza arriba abajo, quién sabe qué está pasando; voy tranquilo, eso sí. de pronto todo se establece: el sonido del viento es ensordecedor, vamos cayendo boca abajo, con los brazos estirados y las piernas flexionadas hacia atrás. puedo respirar bien y sin embargo, cuando quiero gritarle al sol que se refleja en el horizonte del mar, o cuando damos la vuelta y quiero entonces hablarle a la sierra que desde esta altura se hace curva, no me escucho, no se escucha nada, sólo la velocidad cada vez más intensa, más y más y más, frente a mí veo al joven que me está haciendo un video: lo saludo: le grito algo así como “esto es de lo mejor que hay en la vida”, pero no escuchamos nada; siento un latido que grita con la fuerza del viento. mucho viento, aceleración constante. caer, sólo caer, la distancia con el suelo se hace cada vez más corta y una palmada en mi hombro es la señal: la hora de abrir el parapente. todo se detiene menos mi grito. ahora escucho mi propia voz que parece ajena. hace calor. la playa se ve allá abajo, estamos muy alto todavía. ¿quieres bajar más rápido? va. velocidad y ahora sí montaña rusa: caída y orgasmo. el paracaídas baja haciendo un remolino. otra vez, más rápido, ¡otra más!: ya veo a la gente, veo albercas y a la casa xcanda, vuelo cruzando la playa zicatela en el camino por llegar al piso: la arena está caliente, alzo las rodillas y, delicadamente, mis piernas reciben todo mi peso. esto parece ser todo,
and i try, and i try, and i try,
i can’t get no…