Tuesday, March 03, 2009

polvo

serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
paco de quevedo



la muerte y el amor son experiencias que suceden en la fisura, en la linde, en la irrupción de los contenidos y del devenir. nadie sabe qué pasa después de cruzar el umbral de la vida y de lo posible. de hecho hoy nos sonaría a un cuento para niños cosas como el “cielo”, el “hades”, el “más allá”. pero acaso en las cosmovisiones más acabadas siempre ha existido la duda, como se expresa en los textos de netzahualcoyotl, en los upanishads o en los escritos que rescatamos de sextus empiricus. el cuestionamiento de los hombres ante la inmensa duda de aquello que “pasará” o “será” después, acaso representado por una actividad ritual que, al parecer, habla desde la prehistoria de nosotros mismos: fuimos hombres en el momento en que empezamos a ofrendar a los muertos.

todo es perecedero. hoy en día, derrumbada la posibilidad explicativa que aspira a ser total, sólo nos quedan fragmentos, interpretaciones críticas, hermenéuticas instaurativas, visiones parciales y, sin embargo, desde lo más profundo de nosotros, una voz extraña, a veces ajena, se presenta como el canto incompleto que ha estado y está sin nosotros: el deseo, el terror, la inevitable aspiración divina o, si se quiere, el anhelo de lo imperecedero. ruptura, angustia íntima y algo, una breve luz o un recuerdo tibio, que se queda palpitando más allá de nuestro cuerpo y de nosotros mismos: la discontinuidad se quebranta para abrirse y perder su ritmo propio en un vasto universo oscuro, silencioso y continuo.

la muerte va a llegar y de un golpe nos sacará esta luz que penetra por los ojos. el alma (o lo que así llamamos para asir el lugar más íntimo en donde se juega los que somos), esa parte intangible y traviesa que nos quema y nos desborda, cruzará de nuevo los ríos de los tiempos para regresar a la cueva, a la montaña o a aquel dios que se ha nombrado en varias lenguas. pero en este trance, la experiencia acumulada del amor real encontrará su vehículo para trascenderse, para quedar en un reservorio de la memoria, en la experiencia de lo humano. somos parte de un solo cuerpo que se perdió a sí mismo y que, a la vez, se enriquece o degrada con su propio paso desgarrado e inconcluso. esa parte íntima, “venas, que humor a tanto fuego han dado”, se reduce a cenizas, a polvo y vuela dentro de una nebulosa vacía que forma pequeñas partículas que cristalizarán en los ojos de los hijos del hombre por venir.

10 comments:

YKT said...

Esa voz extraña y ajena es también una asfixia. Me visita de vez en vez, a eso de las 2 a.m. Bien PK, este texto está para masticarse despacito.

Un abraxo.

Atus said...

Sí. Todo parece decir que sí.
No. Todo parece decir que no.
Concuerdo con YKT, el texto se muestra fresquito como para degustarlo de a poquitos.
Un gran saludo.

Erranteazul said...

Quizás. En todo caso...venga lo que venga...qué hermosa es la muerte, pero claro, algunos quisieran vivir eternamente. Pobres!

pk said...

queridos ícaro, atus y errante,
estos párrafos salen de aquél soneto con el que empieza... nada más que ahora que los leo aún los encuentro torpes, abigarrados. qué va, creo que no terminan de gustarme...

gracias por sus visitas y sus comentos.

un abrazo

20Th Century Boy said...

cierta ley de cierto cientifico dice que somos objetos en constante movimiento y que tenemos un curso fijo, solo que se altera cuando fuerzas externas intervinen en nosotros....aplica?

Rodrigo Márquez Tizano said...

King del Blog, que bueno leerte.
Vámonos por unos tragos.

Salud

t.

pk said...

hey, boy, quizá sí... abrazo

-

rodrigo: bienvenido a esta casa. pasa cuando quieras. y sí, vámonos!
abrazo

Pável said...

Polvo, pero enamorado.

Hermosa declaración, pero no encuentro el pero.

Nada tan enamorado como el polvo. Anda de acá para allá, posándose, decantándose, apelmazándose, convirtiéndose en roca, o fastidiando y asentándose sobre los muebles y el piso de duela que hay que barrer.

Nada tan enamorado como el polvo, que fue huesos de perro, que es hijo de montaña, que es heredero de todos los tiempos.

Por eso nada queda sino el polvo, nada queda sino el amor. Uno es depositario del otro.

pk said...

pavel, la ves, a los que como yo vivimos sólo en la ilusión de las sombras, es decir, que no vemos más allá de la materia y los cuerpos, nos cuesta mucho pensar en esto. aún así, cuando cierro los ojos y me voy a dormir, algo de aquello flota en algún lugar profundo al que jamás asistiré...

abrazo

Anonymous said...

:S